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La importancia de llamarse ‘squilla mantis’…

Nota de prensa publicada originalmente en el Diario de Cádiz en Febrero de 2017.

… Pero en Cái se le dice galera.

¿Quién podría haber imaginado, hace tan sólo algunas décadas, que la galera se iba a convertir en uno de los productos más demandados de la familia marisquera? A pesar de su escaso glamour, Romerijo ha contado con ellas desde sus comienzos que…¡Van ya para 70 años! Aunque no se le ha tratado con cariño en los circuitos gastronómicos, son muchas las personas que han quedado rendidas a su excelente sabor.

Hablando alto y claro, no es un tipo de marisco que resulte agradable a la vista como otros tantos pero, si el ser humano se hubiera guiado por el aspecto a la hora de decidir con qué alimentarse, se hubiera extinguido hace siglos. La squilla mantis, nombre científico que recibe, es un crustáceo malacostráceo con la cabeza soldada al tórax, con cinco pares de patas de captura con garras y con otros tres pares de patas caminadoras sin tenazas y con una mirada de un multicolor apagado que no hace, precisamente, atractiva su captura y posterior degustación. Sin embargo, bastante hay que agradecer a ese individuo que ignoró su aspecto y se atrevió a descubrir su interior.

Disfrutar de una galera no es tarea fácil, a pesar de que su caparazón es relativamente blando y aún más después de su cocción, ya que su anatomía dificulta la obtención de su más preciado tesoro, ese coral envuelto en una fina capa de carne blanda y jugosa. ¿Cuántos se han hecho tizas las manos rebuscando en sus profundidades? ¿Cuántos han acabado con el surco de los labios desollados al intentar absorber su caldo? Pero, ¿a que merece la pena?

Por esta y otras tantas razones la galera, reina de las vitrinas de Romerijo, que llega de la lonja de Sanlúcar y llenita de coral tiene una estancia corta pero intensa en sus cocederos. Por cierto, entran los viernes y sábados…Si la mar lo permite, ¡Corre o te quedarás sin ellas!

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